Por Carolo Krucoff

¿Cree usted que sabe respirar?

Pruebe este sencillo ejercicio: donde quiera que se encuentre, póngase de pie o siéntese, inspire profundamente y espire. Al inspirar, ¿qué parte del cuerpo se le distendió más: el pecho o el abdomen? Si fue el pecho, es usted como la mayoría de la gente y está haciéndolo mal. Le conviene respirar otra vez y seguir leyendo.

La Técnica que presentamos es tan eficaz que el doctor James Gordon, director del centro de medicina Holística de Washington, D.C, la enseña a casi todos sus pacientes, desde enfermos de cáncer avanzado hasta niños que padecen trastornos de falta de atención. La ha transmitido lo mismo a refugios en Kosovo, que a los profesionales de la medicina que asisten a sus talleres.

“La respiración lenta y profunda quizá sea la mejor arma de que disponemos contra el estrés”, explica Gordon, que es también profesor de Psiquiatría clínica en la universidad Georgetown. “Cuando hacemos entrar aire hasta la parte baja de los pulmones, donde el intercambio de oxígeno es más eficiente, todo cambia: el rimo cardiaco se vuelve más lento, disminuye la presión arterial, los músculos se relajan, cesa la ansiedad y la mente se calma”.

Respire como un bebé:

Sin duda alguna todo el mundo sabe respirar, pero Gordon y otros especialistas del novedoso campo de la medicina holística afirman que en la sociedad industrializada occidental pocas personas lo hacen de la manera óptima. Siempre se nos ha dicho que debemos sumir el vientre e hinchar el pecho. Además, estamos sometidos a un constante estrés que nos obliga a tensar los músculos y a acelerar el ritmo respiratorio. En consecuencia, nos hemos convertido en una sociedad de “respiradores superficiales”, que utilizamos principalmente las partes superior y media de los pulmones.

“Si se observa cómo respira un bebé”, añade Gordon, “se verá que el vientre sube y baja a gran altura y con lentitud”. Sin embargo, andando el tiempo la mayoría de la gente cambia esta saludable respiración abdominal por una respiración pectoral poco profunda. lo que impone un esfuerzo excesivo tanto a los pulmones, que tienen que funcionar más de prisa para asegurar el flujo adecuado de oxígeno. El resultado es un círculo vicioso en que el estrés favorece la respiración superficial y ésta, a su vez, genera más estrés.

El doctor Andrew Weil, director del programa de medicina integradora y profesor de medicina clínica de la universidad de Arizona en Tucson, reeduca a todos sus pacientes en lo que a respirar se refiere.

“He observado que el Control respiratorio por sí solo rinde beneficios asombrosos: reduce la presión arterial, mejora la mala digestión crónica, disminuye la ansiedad y mejora los ciclos de sueño y energía”.

El especialista agrega que la respiración es la única función corporal que puede ser tanto consciente como inconsciente, pues está regida por dos grupos distintos de nervios y músculos, unos voluntarios y otros involuntarios. Además, es la única función mediante cual podemos influir conscientemente sobre el sistema nervioso autónomo, o involuntario”, que es el que prepara al cuerpo para las situaciones de crisis.

Las técnicas de control de la respiración se remontan a la antigua India, explica Weil, quien aprendió algunos de los procedimientos que usa a través del estudio del yoga.

Un relajante infalible

Pamela Peeke, profesora de medicina familiar de la Universidad de Maryland, también prescribe técnicas de respiración a sus pacientes, a veces como parte de un programa de ejercicios. A menudo los lleva “a pasear y a conversar”, y en tales ocasiones ellos tienden a respirar de manera correcta “Es muy difícil respirar superficialmente mientras se camina”, señala la experta.

En un mundo en que el estrés es algo común, la reacción de “pelear o huir” que fue la clave de la supervivencia de nuestros antepasados lejanos se ha convertido en “angustiarse y comer”, advierte Peeke. Al no producirse ninguna reacción física cuando el estrés ha preparado al organismo para la batalla, la excesiva concentración de hormonas del estrés, si se vuelve crónica, puede estimular el apetito y hacer que las células adiposas del abdomen acumulen lo que ella llama “peso tóxico”. Antes, las técnicas de respiración sólo se enseñaban en los hospitales a las mujeres para utilizarlas en el parto sin anestesia, pero hoy en día Varias instituciones de salud las enseñan a enfermos de muy diversos padecimientos. En el Centro Médico de la Universidad Duke, en Carolina del Norte, el enfermero Jon Seskevich ha enseñado la respiración abdominal a la mayoría de los 18.000 pacientes a quienes ha atendido desde 1990. Cerca de la mitad de ellos padecían cáncer, y los demás, enfermedades como insuficiencia cardiaca, fibrosis quística y distintos trastornos pulmonares.

Uno de los casos más impresionantes fue el de un enfermo de cáncer pulmonar. “Entré en el cuarto y me encontré con un hombre corpulento que hacía esfuerzos desesperados por respirar”, cuenta. “Tenía una saturación de oxígeno en la sangre arterial de 74 por ciento, cuando el mínimo descabale es de 90. lo hice sentarse con los pies en el suelo, le puse una mano sobre el vientre y le pedí que me la subiera respirando suavemente con el estómago”.

Tras unos seis minutos, su saturación de oxígeno aumentó a 94 y empezó a respirar Con facilidad. “Constantemente le decían que se relajara, y esto al parecer resultaba contraproducente”, agrega Seskcvich. “Yo sólo le pedí que respirara con el estómago. NO le curamos el cáncer, pero quizá le evitamos un traslado a la unidad de terapia intensiva”

Últimos hallazgos

Uno de los pocos estudios científicos que se han realizado sobre la respiración abdominal reveló que las mujeres menopáusicas que aprenden la técnica pueden reducir la frecuencia de los bochornos en alrededor de 50 por ciento.

“El ritmo respiratorio normal va de 15 a 16 ciclos (inspiración y espiración) por minuto”, señala Robert Freedman, profesor de psiquiatría y neurociencias conductuales de la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal Wayne, en Detroit. “Con adiestramiento, las mujeres pueden reducir su ritmo a siete u ocho ciclos por minuto”.

Según un estudio llevado a cabo por Alice Domar, profesora de medicina de la Universidad Harward y directora del centro Holístico para la salud de la mujer, la respiración diafragmática profunda y otras técnicas de la medicina holística pueden reducir considerablemente los síntomas del síndrome premenstrual y de la depresión.

Las investigaciones de Domar indican que esta practicas también son eficaces para combatir la esterilidad. Luego de tratar a 132 mujeres que no podían concebir con un programa holístico en el que aprendieron diversas técnicas como respiración profunda, control del estrés y cambios de estilo de vida, una asombrosa proporción de ellas (42 por ciento) consiguió embarazarse dentro de un lapso de seis meses.

Los médicos y otros profesionales de la salud de Estados Unidos están acudiendo en tropel a los cursos de actualización impartidos por expertos en medicina holística. Cuando los participantes incorporen estas y otras técnicas de autoayuda a su práctica profesional, la enseñanza de la respiración profunda quizá llegue a ser parte integral de la atención médica. “Estas estrategias. además de ser eficaces, no cuestan nada”, concluye Weil.

Hay que usar el estómago

Respirar Con el estómago, lo que técnicamente se llama abdominal profunda, promueve un estado de calma fisiológica que contrarresta los daños del estrés. He aquí, paso a paso, cómo hacerlo:1. Acuéstese boca arriba y póngase un libro sobre el vientre.

Relaje los músculos abdominales e inspire profundamente hasta levantar el libro. Al exhalar, el libro debe bajar. De este modo se introduce aire no sólo en la parte alta del pecho, sino en la región inferior de los pulmones, lo que distiende la cavidad torácica completa.

2. Incorpórese y llévese la mano derecha al abdomen y la izquierda al pecho.

Respire profundamente de modo que la mano derecha se mueva hacia delante y hacia atrás, mientras que la izquierda se queda relativamente inmóvil. Inspire por la nariz y exhale por está o por la boca, y disfrute la sensación de la respiración abdominal.

3- Mientras mira el segundero de un reloj, inspire despacio el abdomen durante cinco segundos.

Después, exhale durante cinco segundos. Realice respiraciones abdominales profundas durante todo el día; por ejemplo, al despertar, antes de dormir, y ante cualquier situación angustiosa.

Fuente: Selecciones Reader´s Digest, Febrero 2001, página 114.

 

 

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