Sistema inmunológico: es la defensa del cuerpo humano en contra de las infecciones. Él identifica, ataca y destruye organismos que supone sean invasores y perjudiciales para el organismo, actuando sobre ellos antes de que puedan enfermarnos. Cuando nuestro sistema inmunológico funciona bien, nos protege de infecciones que son las causantes de las enfermedades.

En cada momento de la vida, el ser humano se encuentra en una continua exposición a innumerables microorganismos como bacterias, virus, hongos, parásitos y muchas partículas en el ambiente que, si no tuviéramos ninguna barrera de protección, podrían convertirse en una amenaza a nuestra salud e incluso llevarnos a la muerte.

Afortunadamente la sabiduría y evolución del cuerpo humano permite contar con un sistema altamente sofisticado y efectivo que se encarga de combatir de forma rápida e inteligente esas constantes amenazas a la salud: el Sistema Inmunológico.

¿Qué es el sistema inmunológico?

De forma breve, es el sistema de defensa del cuerpo contra las infecciones, compuesto por una red de células, tejidos y órganos que coordinan la defensa del cuerpo humano en contra de cualquier amenaza.

Sin la ayuda de este sistema, cualquier lesión por pequeña que sea (una cortada de papel), podría llegar a ser letal para el humano.

Los seres humanos tenemos tres tipos de inmunidad:

La inmunidad innata: empieza su funcionamiento en el momento en que todo bebe nace, sale del vientre materno.

La inmunidad adaptativa: se desarrolla frente a la exposición diaria y frecuente a diversos organismos.

La inmunidad pasiva: es una protección «prestada» de una fuente externa y es de breve duración. Por ejemplo, los anticuerpos que contiene la leche materna proporcionan al bebé una inmunidad temporal contra las enfermedades a las que se había expuesto su madre.

Estos dos primeros sistemas inmunitarios (innato y adaptativo) trabajan conjuntamente y funcionan gracias al funcionamiento de las células protectoras creadas en órganos específicos, cada una de ellas con una tarea concreta.

La evolución del sistema inmunológico se ha perfeccionado generación tras generación a través de la evolución humana, lo que ha permitido que de padres a hijos se transmita la información que permite reaccionar mejor ante amenazas patógenas.

El sistema inmunológico, ataca a los gérmenes invasores y nos ayuda a mantenernos sanos.

¿Cuáles son los componentes del sistema inmunológico?

Al igual que los demás sistemas del cuerpo humano, el inmunológico funciona gracias a un trabajo en equipo, los leucocitos son un tipo de glóbulo sanguíneo (célula de la sangre) que se produce en la médula ósea y se encuentra en la sangre (apenas en el 1% de las células presentes) y el tejido linfático.

Los leucocitos son parte del sistema inmunitario del cuerpo y ayudan a combatir infecciones y otras enfermedades. Los tipos de leucocitos son:

1. Los granulocitos:

son un tipo de glóbulo blanco que tienen gránulos pequeños. Estos gránulos contienen proteínas. Este tipo específico de granulocitos son:

  • Neutrófilos: es uno de los primeros tipos de células que acuden a donde hay alguna infección y ayudan a combatirla porque ingieren los microorganismos y elaboran enzimas que los destruyen. Es un tipo de fagocito (tiene la propiedad de capturar y digerir partículas -especialmente microbios-  mediante la fagocitosis).
  • Basófilos: cuando hay infecciones parasitarias, se acumulan en los tejidos (principalmente mucosa pulmonar, nasal y piel). Una vez allí, liberan el contenido de sus gránulos, pequeños compartimentos que contienen sustancias que facilitan la puesta en marcha del proceso inflamatorio como la histamina y la eliminación del patógeno.
  • Eosinófilos: participan en la respuesta inmune ante infecciones, pero pueden estar implicadas en variedad de patologías, como procesos inflamatorios o alergias.

2. Monocitos

luchan contra determinadas infecciones y ayudan a otros leucocitos a eliminar tejidos muertos o dañados, destruyen células cancerosas y regulan la inmunidad contra sustancias extrañas.

3. Los linfocitos

Linfocitos B: su función principal es reconocer las moléculas extrañas al organismo, llamadas antígenos y la producir anticuerpos específicos para neutralizarlas.

Linfocitos T: juegan un papel central como mediadores de la respuesta inmune, son células del sistema inmune especializadas en dirigirse principalmente contra agentes que se replican dentro de la célula, microorganismos intracelulares como por ejemplo los virus.

Otros actores que hacen parte de la defensa inmunológica son la piel (primera capa de defensa), que evita que los gérmenes entren al cuerpo, las membranas mucosas, que protegen órganos y cavidades atrapando los gérmenes y el sistema linfático, que incluye órganos como la médula ósea, el bazo y los ganglios linfáticos.

¿Cuál es la importancia de la memoria inmunológica y el mecanismo de vigilancia inmunitaria?

Una vez el virus ha superado las barreras físicas (piel, tos y estornudo entre otras) y las químicas naturales (enzimas digestivas, acido gástrico…), el virus entra en las células de su hospedador para sobrevivir (ya que los virus no tienen mecanismos propios para crecer y reproducirse), es ahí cuando se activa la respuesta inmune inmediata que es más rápida, pero carece de memoria inmunitaria a diferencia de la inmunidad adaptativa.

Memoria inmunitaria: se crea en la inmunidad adaptativa (cuando el cuerpo humano ya se ha enfrentado a esa amenaza), los glóbulos blancos que recuerdan ese patógeno en concreto producen más rápido los anticuerpos específicos que se requieren, en mayor cantidad y de mejor calidad.

De esta forma, si vuelve a presentarse el mismo agente infeccioso, el cuerpo estará preparado para combatirlo y nuestro sistema inmune dará una respuesta más inmediata y eficaz.

Vigilancia inmunitaria: el sistema inmunológico también es capaz de detectar y eliminar tempranamente células que dejan de funcionar adecuadamente en el cuerpo y que podrían dar origen a algún tipo de deterioro que puede desencadenar principalmente un proceso cancerígeno.

¿Cómo funciona la protección del sistema inmunológico?

Los glóbulos blancos, conocidos también como leucocitos, se fabrican, almacenan y maduran en diferentes partes del cuerpo, principalmente en el timo, el bazo, la médula ósea o los ganglios linfáticos.

La respuesta del sistema inmunológico ante una infección es conocida como inflamación, se produce por el desplazamiento de los glóbulos blancos hasta el punto en el organismo en el que están actuando los microorganismos infecciosos. Por ejemplo, se puede inflamar la zona donde nos hemos hecho un corte o herida o durante un resfriado, la garganta o vías nasales.

Cada uno de estos glóbulos se encarga de atacar a la amenaza de una manera diferente, complementándose entre sí de manera coordinada a través de los vasos sanguíneos y linfáticos, llegando a la parte del cuerpo afectada con el fin de combatir la amenaza, uno de ellos se encargará de fabricar anticuerpos específicos para combatir los antígenos (sustancia que desencadena la formación de anticuerpos y puede causar una respuesta inmunitaria).

Una vez superada la infección, y cuando se produce un segundo contacto, nuestro sistema inmunitario es capaz de reconocer esos agentes que nos habían atacado con anterioridad (memoria inmunitaria) y combatirla eficazmente.

¿Qué ocurre cuando el sistema inmunológico falla?

Hay veces que puede producirse un fallo en la respuesta del sistema inmunitario contra los antígenos. Estos fallos, a menudo tienen un origen desconocido.

Las enfermedades que pueden provocar estas alteraciones inmunológicas pueden clasificarse en cuatro grupos:

1. Trastornos alérgicos: se produce una respuesta inmunitaria desproporcionada a sustancias que llegan del exterior (alérgenos), aunque para cualquier otra persona sean inofensivas. Por ejemplo, la alergia a los frutos secos, a los ácaros o al látex.

Algunos de los posibles síntomas que componen esa respuesta del sistema inmunitario son inflamación, estornudos, tos, asma, lagrimeo, piquiña.

Puede producirse también un shock anafiláctico, potencialmente mortal.

2. Enfermedades por deficiencia inmunitaria: estos trastornos se producen cuando faltan uno o varios de los componentes que forman el sistema inmunitario no funcionan adecuadamente, pueden ser:

  • Enfermedades de nacimiento, conocidas como inmunodeficiencias primarias.
  • Inmunodeficiencia adquirida tras contraer una enfermedad como el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida)
  • Provocada por algunos problemas médicos (desnutrición o quemaduras).
  • Como consecuencia de la utilización de algunos fármacos como los utilizados en quimioterapia y necesarios para personas con trasplantes para reducir el riesgo de rechazo.
  • Medicamentos que pueden impedir que el sistema inmune desempeñe con efectividad sus funciones protectoras.

3. Enfermedades autoinmunes: en este caso, el sistema inmunitario ataca las células y tejidos propios del individuo al confundirlos con cuerpos extraños, aun cuando estén sanos.

Existen casi un centenar de patologías distintas de este tipo, sin que se conozca la causa de la mayoría de ellas.

Algunos ejemplos son el lupus, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple, trastornos de la tiroides, algunos tipos de anemia, la psoriaris, la espondilitis anquilosante, entre otras.

4. Cánceres del sistema inmunitario: algunos tipos de cánceres pueden afectar a las células y tejidos que componen el sistema inmunológico, como es el caso de la leucemia o del linfoma, que afecta al tejido linfoide.

Uno de los cánceres más comunes en la infancia, puede originar mayor propensión a padecer algunos tipos de cánceres en esas personas, al fallar el mecanismo natural de vigilancia inmunológica. 

¿Cuál es la importancia de la alimentación en el fortalecimiento del sistema inmune?

Una alimentación saludable es importante para fortalecer nuestro sistema inmune ante la amenaza de enfermedades.

Tener una alimentación adecuada, consumir los nutrientes necesarios tales como:

  • Ácidos grasos: presentes en las semillas de ajonjolí, linaza, chía, calabaza, girasol, nueces, coco, aceitunas.
  • Vitaminas y minerales: presentes en frutas y verduras
  • Cereales integrales: en los que podemos encontrar la energía necesaria para pensar, trabajar, estudiar, practicar algún ejercicio y combatir las enfermedades, entre ellos tenemos arroz, cebada, avena; los cuales liberan energía lentamente y ayudan a mantener el peso.
  • Ricos en proteínas: que contribuyen al crecimiento físico y a la reparación de tejidos que se encuentran en todos los alimentos de origen animal pero preferible que sean de origen vegetal.
  • Proteínas vegetales: presentes en las leguminosas como fríjol, lenteja, garbanzo, quinua.
  • Aminoácidos libres: que los encuentras en frutas y verduras.

Otras importantes recomendaciones:

  • Evitar al máximo los alimentos altos en azúcar, grasas, sal
  • Consumir alimentos vivos que no hayan pasado por un proceso de industrialización.
  • No consumir alimentos refinados que contengan endulzantes, colorantes o sabores artificiales, que son causa de muchas enfermedades.

Siguiendo estas recomendaciones, tendremos un sistema inmunológico activo y preparado para evitarnos y salvarnos de cualquier enfermedad.

Consejos para mantener sano tu sistema inmunológico

  • Controlar y alejar el estrés de tu vida.
  • Realizar actividad física o ejercicio con cierta frecuencia.
  • Disfrutar de una alimentación equilibrada y sana.
  • Evitar consumir alimentos descompuestos o en mal estado.
  • Consume mucha fruta y verdura.
  • Disminuye el consumo de azúcares, harinas, grasas y lácteos.
  • No someter tu cuerpo a cambios bruscos de temperatura.
  • Mantener diversos hábitos de buena higiene.
  • En lo posible, alejarse de la contaminación ambiental y respirar aire puro.
  • Realizar actividades al aire libre y en contacto con la naturaleza.
  • Evitar hábitos excesivos o que sean perjudiciales para la salud.
  • Mantener pensamientos y una actitud alegre y positiva.

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